Aquí cierro el tercer año de esta iniciativa que estudia y celebra el problema de escala en el pesebre colombiano. En esta temporada 2012-2013 recibí más de cien pesebres y agradezco a todos por sus generosas contribuciones.
Me alegra terminar con el majestuoso pesebre de la abuelita de Carlos (@carlosardila). Cada detalle importa en su discordancia y por eso este pesebre merece todo nuestro respeto. Estamos ante un esfuerzo apoteósico por llegar al corazón mismo del problema de escala en sus dimensiones (“see what I did there?”) físicas, climáticas y emocionales.
Aquí se puede apreciar la naturaleza transtemporal y policlimática de este pesebre. Medalla de oro para esas gigantescas aves de corral a las que Carlos, como nieto irreverente, denomina “pollos diabólicos”.
Otro ángulo de esta obra maestra que resume todos los elementos del problema de escala. Aplausos a la abuelita de @carlosardila.
Con sus problemas de escala y sus miradas tan tiernas. Bogotá, iglesia local.
El rey de todos los caseríos liliputienses. Salento, aporte de María Camila (@mcamilavera)
Siguen las godzíllicas especies y los liliputienses caseríos. Bonus track: el problema del puente disfuncional en el pesebre colombiano. Cartagena, contribución de Karilyn, (@cosasdelk)
“María, perdona mis dudas pre-putativas cuando llegaste preñada a la casa. Ahora sí creo que este tronco de muchacho te lo hizo el Espíritu Santo”. Bogotá, aporte de Diego (@leontrino)
El mejor de los mundos posibles para el estudio de esta problemática. Bogotá, aporte de Diego (@leontrino).
Estas imágenes que van al detalle son las que se roban el corazón del comité de peritajes y curaduría de este proyecto (i.e. “este pechito”). Comunidad, aquí se resume la verdadera esencia y el profundo encanto del problema de escala en el pesebre colombiano. Gracias, Diego (@romerovaron).
La vaca también “deja huella”. Aporte de Diego (@romerovaron)